En mi piel

Despierto, parece que estoy cansado, en la ducha le gano al sueño, un desayuno a la rápida con café, un día lleno de actividades, un beso que se hace feliz, hora de dormir, me empieza a dar vueltas todo lo que pasó en el día, me agobio, hay tanto que deje de hacer, conciliar el sueño es fácil algunos días. Pero son los otros días cuando soy consciente de la piel que habito. Una piel que me incomoda, un mundo que se hace doloroso. La coraza aprendida de indiferencia se cae y todo duele. Algunas veces la vida duele más de lo que se es posible soportar, pero al mirar hacía el lado me hago conciente que lo mío son “pelos de la cola”.

Mal de muchos consuelo de tontos dicen, pero el consuelo algunas veces es mejor que nada.